Para el corredor respirar es como comer. Si no eres capaz de ‘alimentar’ tus músculos con oxígeno no podrás correr ni muy rápido ni llegar muy lejos. En pleno esfuerzo tu organismo demanda una mayor cantidad de oxígeno que estando en reposo y son los pulmones los órganos encargados de hacer un intercambio de gases que es vital, quedarse con el oxígeno y desprenderse del dióxido de carbono. Gracias a esta aparente sencilla operación, y según el nivel de entrenamiento, podrías llegar a mejorar tu velocidad en carrera.

Cuando el cuerpo está haciendo un ejercicio físico su demanda de oxígeno es mayor y la inspiración que hacemos por la nariz a veces es insuficiente. Lo ideal es inspirar por la nariz y espirar por la boca pero llega un momento en el que parece que el cuerpo necesita más aire. Contrariamente a lo que se cree, ayudarnos de la boca para hacer las inspiraciones no es tan malo si con ello almacenamos el oxígeno necesario y sobre todo mantenemos un ritmo continuo sin jadeos ni alteraciones.

Ventilar de forma adecuada mientras estás esforzándote en carrera o entreno se hace imprescindible por muchas razones, entre las más importantes: supervivencia, disfrute y rendimiento.  El error más extendido en las primeras ocasiones en las que empieza a correr, es el de aumentar la frecuencia respiratoria. ¿La razón? Optar por un ritmo bastante más alto del que puedes, generando que te tengas que parar. El resultado final suele ser una frustración total del corredor. Debes entender que poder dominar tu respiración es algo fundamental para que vayas progresando como corredor.

Sino eres capaz de realizar una mecánica respiratoria acorde con la velocidad de tu carrera,  sufrirás las consecuencias de respirar de forma descoordinada fomentando así el típico dolor abdominal que suele acompañar esta acción. Aparecerá el Flato.

Si el diafragma, tejido musculo-tendinoso encargado de contraerse para suministrarte el oxígeno está tenso, no llevará suficiente oxígeno a las diferentes partes del organismo, y realizarás una mala ejecución de la  respiración. Normalmente, la aparición del temido flato va unida a una deficiente respiración. Es sencillo: si los músculos y tendones del diafragma están tensos debido a una insuficiente llegada de oxígeno generarán una pobre respiración que no ayudará a la recuperación del diafragma. En este sentido se suele generar el conocido dolor intercostal –flato- que se va alimentando cada vez que sigues respirando de forma deficiente. Si no eres capaz de relajarte y respirar correctamente no recuperarás al diafragma y con ello seguirás metido en un círculo vicioso muy poco productivo. ¿Qué debes hacer para que desaparezca?, inspirar más aire del que espiras en cada respiración, para que llegue suficiente oxígeno a las diferentes partes encargadas de la mecánica ventilatoria y así relajar los músculos que contribuyen a ella.

Por tanto, recuerda que la respiración es vital para mejorar en tu carrera y que deberás trabajar tanto la respiración diafragmática como abdominal. En otros artículos explicaremos cada una de ellas.